Redescubrir el juego, la convivencia y la conexión

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Para las familias en situación de alta vulnerabilidad, la cotidianeidad suele estar marcada por grandes retos económicos y limitaciones. Comedores Santa María realiza una labor extraordinaria brindando alimentación a quienes más lo necesitan, pero en esta ocasión, de la mano de Fundación Royal Holiday, quisimos ir un paso más allá para nutrir también el alma y el espíritu de 93 niños y mamás.

“Fue muy interesante y divertido convivir con más personas, tanto de mi edad como más grandes”.
— Gabriela Barrera

El campamento en Camohmila se convirtió en un espacio de juegos y aprendizaje. En un mundo donde muchos pequeños pasan horas frente a las pantallas en sus casas, este viaje les regaló la oportunidad de conectar con la naturaleza y con otros niños. De hecho, varios pequeños compartieron emocionados que en este viaje “aprendieron a jugar de verdad”, una experiencia que por sus dinámicas diarias pocas veces pueden disfrutar.

Durante el campamento, las dinámicas grupales estuvieron enfocadas en fortalecer el trabajo colaborativo y la comunicación.  Actividades en equipo como pasar pelotas a través de tubos demostraron a grandes y chicos la importancia de coordinarse y apoyarse mutuamente para alcanzar un objetivo común.

“La piscina y la fogata me gustaron mucho. Los juegos estuvieron divertidos y disfruté mucho jugar en comunidad”.
— América Aislin Orea

“El campamento estuvo muy bonito, rodeado de mucha naturaleza. Las actividades nos hicieron convivir con todos, las habitaciones estaban muy limpias y organizadas, y la gente fue muy amable”.
— Claudia Vázquez

Sin duda, la actividad más esperada y aclamada por todos fue nadar en la alberca. Para muchos de los niños, esta fue la primera vez en su vida que pudieron nadar, convirtiendo cada chapuzón y cada juego acuático en un instante de pura felicidad y libertad. Para cerrar con broche de oro, la noche de fogata iluminó el campamento con un ambiente íntimo y muy especial, cantando, quemando bombones y disfrutando la fogata. Tras este campamento, los niños no solo regresaron a casa con recuerdos imborrables, sino que manifestaron sentirse más sociables, con mayor confianza y con la certeza de que el juego y la unión familiar son tesoros que siempre pueden cultivar.


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